Este es el segundo libro que leo de esta escritora y tengo que decir, que ya me ha ganado. El primer libro que leí fue, el chico que dibujaba constelaciones, y me enamoró, así que ya supe, que iba a leer los demás poco a poco.

En esta historia nos cuenta la relación de amistad entre Leah y Axel, que son por circunstancias de la vida, como hermanos.

Cuesta muy poco empatizar con Leah y comprender esa forma que tiene de relacionarse con su entorno, debido a un golpe que le da la vida.

El personaje de Axel, a ratos le entiendes y a ratos no, pero al final te acaba ganando y mucho.

Como todas las bilogías acaba de una forma que te deja con las ganas de seguir sabiendo que va a pasar. Sólo hay que esperar hasta Abril para saberlo…

SINOPSIS

Leah está rota. Leah ya no pinta. Leah es un espejismo desde el accidente que se llevó a sus padres.
Axel es el mejor amigo de su hermano mayor y, cuando accede a acogerla en su casa durante unos meses, quiere ayudarla a encontrar y unir los pedazos de la chica llena de color que un día fue. Pero no sabe que ella siempre ha estado enamorada de él, a pesar de que sean casi familia, ni de que toda su vida está a punto de cambiar. 
Porque ella está prohibida, pero le despierta la piel. 
Porque es el mar, noches estrelladas y vinilos de los Beatles.
Porque a veces basta un «deja que ocurra» para tenerlo todo.

Número de páginas: 351

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