Después del éxito de Puerto Escondido, María Oruña nos trae un nuevo caso para la teniente Valentina. Un caso independiente del libro anterior, y una continuación de la historia de Oliver y Valentina, aunque quedando esta en segundo plano.

Una joven aparece muerta en unas ruinas medievales y vestida como una princesa del medievo, su traje parece auténtico de esa época, y entre sus manos esconde una moneda antigua. Parece haber hecho un viaje en el tiempo, pero empiezan a sucederse más asesinatos sin conexión aparente.
De forma paralela, se sucede otra trama, Oliver, pareja de Valentina, busca a su hermano desaparecido, parece haberselo tragado la tierra. Con ayuda de su amigo Michael, empezará a tirar del hilo para encontrar a su hermano, o al menos, saber si está vivo o muerto. 
 

El libro se desarrolla en unas 72 horas, con lo cual, tiene un ritmo bastante ágil. El caso queda cerrado, pero un detalle final apunta a una tercera entrega, y que ya espero impaciente.

Me encanta la teniente Redondo, una mujer fuerte y segura en su trabajo, que dirige con mano dura un equipo de hombres, perfeccionista hasta el extremo, pero fragil e insegura en lo personal.  

Oliver es un encanto, sigue regentando el hotelito idílico frente al mar, y vive allí en una cabaña de madera. La visita de su exmujer hace dudar a Valentina sobre el amor de Oliver hacia ella. Pero saldrán fortalecidos. 

La trama es adictiva y con sorpresa en cuanto al culpable, que aunque lo ves venir, hay algo más que te sorprenderá. 

La autora nos adentra en el mundo de la espeleogía, con lo cual el tema de documentación en cuanto a ello, resulta también bastante interesante. 
La he disfrutado mucho y os la recomiendo.

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