Nos encontramos aquí ante el primer libro de la Serie Bergman, una colección que pertenece al género de novelas policiacas nórdicas, y que tiene como protagonista principal a un psicólogo criminalista, Sebastian Bergman, quien retirado de su profesión, vuelve a su ciudad natal por asuntos familiares, pero allí se encuentra con su antiguo equipo de trabajo, la Unidad de Homicidios de Suecia, que casualmente acude a la ciudad ante la aparición de un chico muerto en circunstancias anormales, un caso que necesita para su resolución de especialistas en la materia, como son Torkel y su equipo.

Es éste el marco con el que se encuentra el gran Sebastian Bergman, quien a pesar de su bagaje y reputación profesional cuenta con una personalidad complicada y un ego que hacen que en la Unidad de Homicidios no se guarde precisamente un buen recuerdo de él, pero motivos personales hacen a Sebastian querer involucrarse en el caso, y aunque su plan sea participar de una manera superficial a fin de satisfacer únicamente sus necesidades, no será tan fácil, pues las circunstancias le harán involucrarse más de lo que pensaba.

Como decimos, es ésta la típica novela policiaca nórdica en la que a la par que se revuelve un crimen se desenvuelven diversas relaciones personales entre los personajes participantes en la historia, definiéndose los rasgos personales de cada uno de ellos y que sentarán la base para los siguientes libros.

Resaltar que la trama me ha parecido lineal y sencilla, sin muchos giros que me hayan sorprendido en exceso, salvo el final, que sin lugar a dudas ha supuesto un cierre espectacular que no esperaba y hace que quiera seguir leyendo el resto de libros de la serie.

En líneas generales, me ha gustado y sin duda continuaré conociendo a Bergman, un personaje que a priori puede llegar a no gustar, pero que creo esconde un buen trasfondo, pues no es todo lo que muestra.

Número de páginas: 523 (formato físico en edición bolsillo)

Editorial: Booket

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