Tras leer el primer título, Todo lo que nunca fuimos, la segunda parte de la bilogía Deja que ocurra, bajo el título de Todo lo que somos juntos, me ha parecido muy en la línea de la primera aunque un poco más floja. Aunque bien es cierto que se adentra más en las luchas internas de los protagonistas y en la evolución personal de los mismos, a decir verdad, he echado en falta algo más de “acción” en el sentido de grandes cambios o sucesos que marquen la historia de manera más directa.

No obstante, pese a que la pluma y el estilo de la autora me encantan, sin lugar a dudas me sigo quedando con El chico que dibujaba constelaciones, uno de mis libros preferidos. Si bien es cierto que Alice describe emociones y sentimientos de forma espontánea y única a la vez, el enfoque juvenil y romántico de la historia me ha parecido, en general, poco maduro y, en ocasiones, se ha dado un comportamiento demasiado infantil en la pareja de protagonistas, Axel y Leah, mucho más que en la primera parte, a mi parecer.

Sin duda, a quienes os guste Beta Coqueta (Elisabet Benavent), lo disfrutaréis especialmente, porque va muy en su línea, aunque, en mi modesta opinión, mejor escrito.

SINOPSIS:

Han pasado tres años desde la última vez que se vieron. Ahora, Leah está a punto de cumplir su sueño de exponer en una galería.
Y, pese al pasado, Axel necesita formar parte de un momento como ese.
Cuando sus caminos vuelven a cruzarse, Leah tiene que tomar decisiones que pueden cambiarlo todo, porque, a pesar de lo que ocurrió, los recuerdos de toda su vida siguen ahí; intactos, bonitos, únicos. Colándose en cada grieta que aún no ha cerrado.

Porque él sigue siendo el chico que aún no ha olvidado.
Porque es el mar, noches estrelladas y vinilos de los Beatles.
Porque a veces basta un «deja que ocurra» para tenerlo todo.

Número de páginas: 384 (formato físico)

Editorial: Planeta

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