Unos sangrientos asesinatos, una auténtica matanza… así comienza este libro, describiendo escenas que llegan a poner los pelos de punta.

Y es que nos encontramos con una familia descuartizada, de la que sólo el hijo mediano, gravemente herido, ha conseguido sobrevivir, además de la hija mayor, que ajena a la tragedia no se encontraba en el domicilio familiar, y ahora se teme por su vida. Ante esta situación se encuentra el Inspector Joona Lina, Comisario de la Policía Judicial de Estocolmo, quien hace suyo el caso y considera que la única manera de mantener a salvo a la hija mayor es obteniendo una declaración del superviviente de la masacre, y para ello ve necesario acudir a una práctica nada habitual en la praxis policial, como es la hipnosis. A raíz de ahí, lo que parece ser la trama principal da paso a otra historia diferente que no se sabe a dónde te llevará.

Desde luego no puedo decir que sea uno de los libros que más me han gustado. Es cierto que empieza muy bien, y la puesta en escena es prometedora, pero una narrativa excesivamente detallista hace lenta la lectura. Y si bien, en otras condiciones, la vuelta al pasado en una historia me parece gratificante, no me ha sucedido esta vez, ya que no me he encontrado con una descripción fácil de seguir, sino más bien ambigua, en la que no sabía cuánto de realidad había en cada escena, aunque quizás esa haya sido la intención del autor, pues la temática del libro trata precisamente de los trastornos de la mente humana, y los personajes que van apareciendo adolecen de ellos.

Se van entrelazando así dos historias distintas, llegándote incluso a olvidar en algunos momentos de la que en su momento parecía principal. Por tanto, no puedo decir que haya sido un grandioso libro, pero le volveré a dar otra oportunidad al autor con el segundo libro de la serie del Inspector Joona Lina, “El Contrato”, y espero volver con mejores noticias al respecto.

Número de páginas: 613 (formato físico en edición bolsillo)

Editorial: DEBOLS!LLO

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