Hoy traigo la reseña de una obra muy especial: «Kuessipan», de la autora Naomi Fontaine y de la editorial @pepitaseditorial , cuyo título significa en idioma innu «a ti», «tu turno».

Algunos dirían que se trata de un conjunto de relatos; otros dirían que es, más bien, un ensayo; y habría también quien diría que es lo más parecido a la poesía que haya leído jamás pero sin serlo. Para mí ha supuesto todo a la vez. Una vorágine de emociones, que es el objetivo de la literatura, al fin y al cabo, y del arte en líneas generales.

Desde la primera página es inevitable impregnarse de la esencia de los pueblos indígenas, autóctonos de Quebec y Labrador (Canadá), así como de sus tradiciones y costumbres para los diferentes sectores de población que las conforman. Algunas de ellas son muy bonitas y simbólicas, pues suponen una conexión directa con la tierra y la naturaleza, así que te sacarán una sonrisa. Otras, en cambio, son muy tristes y te rasgarán el corazón. 

Una lectura breve pero intensa, que merece muy mucho la pena y que me ha descubierto mucha curiosidad por esta temática tan original, provocando numerosas búsquedas en Google para complementar la información que en ella se ofrece.

SINOPSIS:

Kuessipan evoca la vida cotidiana en la reserva innu de Uashat. Con una escritura altamente poética, luminosa, de una sensibilidad muy femenina y con un componente reivindicativo exento de cualquier tipo de cólera, Naomi Fontaine habla de lugares, de rostros conocidos y amados. De cazadores nómadas. De pescadores nostálgicos. De vidas alrededor de una bahía que refleja las cosas de la tierra. De liebres. Del pan tradicional. De rituales. De tambores de piel de caribú. De niños que crecen. De ancianos que se reúnen para recordar el pasado. De salmones. De abetos. De barreras visibles e invisibles. De placeres efímeros. Del alcohol que todo lo mata. De viajes en tren. Y, sobre todo, de la certeza de que la vida es un conjunto de piezas que hay que ensamblar para que surja la magia.

Número de páginas: 108 (formato físico)

Editorial: Pepitas de calabaza

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