En esta segunda entrega, el autor nos vuelve a transportar a la República Democrática Alemana. Todo comienza con la aparición de varios homosexuales muertos, asesinados de una forma brutal por un sádico, que no se conforma con matar a sus victimas, también quiere verlas morir de la forma mas cruel y dolorosa posible.

Encargan formar parte de la investigación a Viktor Lavrov, por su experiencia en el comportamiento de la mente criminal; tendrá que sumergirse de lleno en un mundo prohibido a la busqueda del asesino.

Si esta trama es fascinante e interesante, contrasta con la otra trama paralela que hay, pero por lo aburrida y sin sentido. Se intercalan capítulos y escenas de las dos tramas, y en esta segunda trama, abundan los espías, las muertes a sangre fría, las tapaderas, los contraespias y los recontraespias. Resumiendo, un lío sin sentido que ni interesa ni engancha y en el peor e los casos ni te enteras de lo que está pasando. Lo único que lo salva, es la maestría para escribir del autor, que engarza palabras y frases de forma magistral.

Me ha encantado la parte de la investigación de Viktor Lavrov y los personajes que lo rodean, pero la otra parte, la de los espías, me ha parecido un mero relleno para alcanzar un número determinado de páginas en el libro.

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